miércoles, 10 de septiembre de 2014

Como un bigote a lo antiguo, debajo de la nariz... Jugueteo con los mechones, recordando mi niñez, cuando mi madre me arropaba como si en ello se le fuera el alma, diciéndome: "Duérmete niña, duérmete ya, que el hombre del saco te puede llevar". Con un beso de despedida en la frente y un te quiero más que a nadie mi madre se retiraba. Pienso en esos días... En los que descubrí que el hombre del saco existía de verdad, le calentaba a mi madre la casa porque no paraba de llorar.

(Gracias a Manu Rincón y Ana Palomar,por sus consejos y la gran paciencia que me dedican cada dia,sin pedir nada a cambio,muchas gracias)

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