Como un bigote a lo antiguo, debajo de la nariz...
Jugueteo con los mechones, recordando mi niñez, cuando mi madre me
arropaba como si en ello se le fuera el alma, diciéndome: "Duérmete
niña, duérmete ya, que el hombre del saco te puede llevar". Con un beso
de despedida en la frente y un te quiero más que a nadie mi madre se
retiraba. Pienso en esos días... En los que descubrí que el hombre del
saco existía de verdad, le calentaba a mi madre la casa porque no paraba
de llorar.
(Gracias a Manu Rincón y Ana Palomar,por sus consejos y la gran paciencia que me dedican cada dia,sin pedir nada a cambio,muchas gracias)
(Gracias a Manu Rincón y Ana Palomar,por sus consejos y la gran paciencia que me dedican cada dia,sin pedir nada a cambio,muchas gracias)
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